Los Centros Musicales

El primer centro musical fue el “Carlos A. Saco”, que tuvo su local en la Plaza Buenos Aires. De allí fueron Ascoy, Angel Monteverde y, entre otros, Manuel Garrido autor de la polca “Delia”, que popularizaron “Los Embajadores Criollos”. Siguió el “Felipe Pinglo”, fundado el 17 de mayo de 1936, y más tarde aparecieron el “Pedro Bocanegra”, que congregó a sus asociados –cito a Aurelio Collantes- “en una antigua pulpería de la esquina de la Mutua y la Ribera, que regentaba el chino Lam; la idea surgió de don Silvio Travers”; el “Tipuani” en la primavera de 1940, exactamente el 26 de setiembre; el “Musical Unión” (1939). De Juan Criado; el “Montes y Manrique”, de Abajo el Puente; y el “Carlos Valderrama”.

En 1944 actuaban en diversos centros musicales los hermanos Palacios, Filomeno Ormeño, “Las Criollitas”, los hermanos Govea, el trío conformado por García – Barraza – Parras, Jesús Vásquez, Lucho de la Cuba, Alcides Carreño, Nicolás Wetzell, Adela Garza, “Los Trovadores del Perú”, Delia Vallejos, el Dúo Costa- Monteverde, “La Limeñita y Ascoy”, y “Los Chalanes”. Así mismo el Conjunto “Pancho Ferreyros”.

Ya habían alcanzado cierta popularidad. “La Crónica”, en la edición de la mañana del 1 de Noviembre de 1944, dio cuenta de la celebración del “Día de la Canción Criolla” en el “CARLOS A. SACO”, situado en la esquina de Los Naranjos y Acequia de Islas, en los Barrios Altos. Asistió el presidente de la república Manuel Prado, quién fue recibido por los miembros del comité ejecutivo de la institución, Juan Manuel Carrera y el diputado Luis Felipe Andrade. La Plaza Buenos Aires había sido iluminada especialmente.

¿Qué era el “Carlos A. Saco”?. Quizá la respuesta podría ser lo que, al correr de la pluma, sin la urgencia de cumplir una comisión de trabajo, escribió un redactor de “La Crónica” (26-06-1945, ed. De la mañana), aunque sin suscribir su nota: “Ahí en los salones del Centro, se hace música, se charla. Se habla de todo: de música, de belleza, de todas esas cosas que llenan el espíritu y le dan a la vida una razón. Los hombres que allí se reúnen, aman la música sobre todas las cosas y poseen la sinceridad de los que sienten el arte y comprenden la vida de distinta manera que los demás hombres y por eso disculpadores y buenos”.

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